En el "Mes Respetemos la Vida", líderes católicos en EE.UU. aconsejan cómo hablar sobre el aborto

Los católicos de todo Estados Unidos celebran cada octubre el Mes Respetemos la Vida. | Crédito: Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, Washington D.C.

1 de octubre de 2026
Por Kate Quiñones | ACI Prensa

Cada octubre, la Iglesia Católica en Estados Unidos celebra el Mes Respetemos la Vida y reafirma la dignidad de toda vida humana, incluidos los bebés por nacer. Aunque el aborto sigue siendo un tema controvertido, en el centro del debate está la manera en que la sociedad ve al bebé por nacer y, por extensión, la relación entre él y su madre.

Puede resultar difícil hablar del tema, pues suscita fuertes emociones en ambos lados del debate. A medida que las píldoras para el aborto farmacológico se vuelven más accesibles para mujeres y niñas en todo Estados Unidos, surge la pregunta: ¿cómo podemos los católicos hablar del aborto con caridad y veracidad?

El P. Tadeusz Pacholczyk, especialista principal en ética del National Catholic Bioethics Center, afirmó que “la manera en que hablamos suele ser más importante que los detalles de lo que decimos”.

“Al entablar conversaciones sobre el aborto, es importante reconocer los temores de la mujer”, dijo el P. Pacholczyk. “Ella siente que atraviesa un embarazo ‘en crisis’ a medida que se acumulan sus preocupaciones y se hace mil preguntas dolorosas: ¿qué pensarán mis amigos de mí si se enteran? ¿Esto me impedirá terminar la universidad? Me siento tan sola, avergonzada y abandonada; ¿por qué mi novio no está aquí para apoyarme?”.

“Reconocer los temores de la mujer mediante un lenguaje comprensivo puede ayudar a abrir un espacio de diálogo con quienes defienden el aborto, mientras tratamos de recordarles cómo debería ser una mejor respuesta ante un embarazo inesperado”, dijo el sacerdote.

“Debería ser casi evidente que es mejor responder con apoyo y acompañamiento en medio de los temores que la sacuden, tratando de calmar las aguas en lugar de agitarlas aún más al recurrir a la violencia del aborto, que, a fin de cuentas, añade más pesar y desasosiego”, continuó.

“La paciencia y una verdadera disposición a escuchar a la persona con la que hablamos deben prevalecer sobre nuestro deseo de ganar rápidamente la discusión”, añadió. “Puede ser útil plantear preguntas serenas y razonadas para hacer avanzar la conversación, en lugar de formular afirmaciones dramáticas, estridentes e incendiarias que quizá solo mantengan enfrentadas a las dos partes”.

Desde una perspectiva provida, afirmar la dignidad del niño por nacer también es una parte fundamental de la conversación.

“Debemos prestar atención al lenguaje de los ‘derechos’ en materia de aborto y tratar de aclarar que, en realidad, no existen ‘derechos’ que permitan atacar directamente y convertir en víctima a un tercero inocente”, dijo El P. Pacholczyk. “Un niño por nacer en una situación de embarazo en crisis es, sin duda, un tercero inocente, pues es tan víctima de las circunstancias difíciles como su madre”.

“Entre los auténticos ‘derechos’ en los que todos deberíamos poder coincidir está el de recibir ayuda de la sociedad para criar a los hijos, cuando las madres primerizas afrontan la abrumadora e inesperada perspectiva de cuidar y criar a un niño”, señaló.

Camille Pauley, quien dirige Healing the Culture, una organización católica que enseña a las personas a abordar cuestiones culturales difíciles como el aborto, habló con EWTN News sobre lo que significa mostrar caridad hacia otra persona.

“La caridad consiste en actuar por el bien de la otra persona, creada a imagen y semejanza de Dios”, dijo Pauley. “Quienes cometen el mal del aborto no son ‘monstruos demoníacos’ ni ‘salvajes sin alma’. Son palabras que dañan a la sociedad y a nosotros mismos cuando las usamos”.

“Las personas que han caído en el pecado del aborto son seres humanos que, o bien están espiritualmente perdidos, o bien han sido profundamente heridos, abandonados, traicionados, engañados y, en ocasiones, han sufrido abusos o coacciones”, dijo Pauley.

“Al mismo tiempo, no debemos confundir la caridad hacia las personas con la caridad hacia el aborto”, continuó. “El ‘aborto’, en el sentido habitual del término, es malo, incorrecto y pecaminoso. Perjudica a las mujeres y mata injustamente a un ser humano de valor intrínseco y sagrado, que tiene un derecho inalienable a la vida. Decir estas cosas es un acto de caridad cuando se hace por el bien de la otra persona”.

Pauley subrayó que no se debe enfrentar a la mujer con su bebé.

“El lenguaje que empleamos debe afirmar que los intereses de la mujer son los mismos que los del niño”, dijo Pauley. “El movimiento a favor del aborto siempre quiere separar a la madre de su hijo y enfrentarlos. Nosotros nunca debemos hacerlo. Optar por proteger la vida del hijo es lo mejor tanto para él como para su madre”.

¿Por qué enseña la Iglesia Católica que la vida es sagrada?

En su encíclica Evangelium Vitae (“El Evangelio de la vida”) de 1995, que sigue orientando hoy la causa provida, San Juan Pablo II relacionó la enseñanza sobre el carácter sagrado de la vida con la relación del ser humano con Dios.

“Cada persona, precisamente en virtud del misterio del Verbo de Dios hecho carne, es confiada a la solicitud materna de la Iglesia”, escribió Juan Pablo II. “Por eso, toda amenaza a la dignidad y a la vida del hombre repercute en el corazón mismo de la Iglesia”.

El Papa señaló que la decisión de abortar es “en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática” para la mujer. Sin embargo, añadió que incluso las razones graves “jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente”.

Pero la responsabilidad no recae únicamente en la mujer. Según Juan Pablo II, la responsabilidad por cualquier aborto se extiende a toda la sociedad: desde la madre y el padre hasta los legisladores y los sistemas que sostienen el aborto. En la encíclica, el Papa añadió que el aborto atenta contra el derecho a la vida, fundamento de la sociedad humana, y criticó el lenguaje del “derecho al aborto”.

“Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás”, escribió Juan Pablo II. “Ésta es la muerte de la verdadera libertad”.

Subrayó que los creyentes tienen un llamado particular a defender a los niños por nacer, pues la encarnación de Jesucristo, afirmó, revela “el valor incomparable de cada persona humana”.

Y continuó: “[La vida] es realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos”.

El lema de este año: “María, Madre de la vida”

En sus materiales para el Mes Respetemos la Vida, los obispos de EE.UU. presentan a María como “nuestro modelo para defender el carácter sagrado de toda vida humana” y destacan el tema de este año: “María, Madre de la vida”.

“Al convertirse en la madre de Jesús, María se convierte en la madre de la vida”, escribieron los obispos. “La aceptación de María en este momento imprevisto demuestra cómo cada uno de nosotros debe acoger el don de una nueva vida humana, incluso cuando ese don es inesperado o nos exige sacrificios”.

Los obispos alentaron a los católicos a rezar la Novena Respetemos la Vida del 22 al 30 de octubre. Para consultar más recursos sobre el Mes Respetemos la Vida, visite https://es.respectlife.org/.

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