Imagen referencial de una familia. | Crédito Airam Dato-on
18 de marzo de 2026
Por Diego López Colín | ACI Prensa
La Iglesia Católica advirtió que México sólo podrá aspirar a ser “una sociedad verdaderamente justa y humana” cuando se promueva una cultura que coloque a la persona en el centro, reconociendo su valor desde la concepción.
En el marco del Día Internacional de la Vida, que se celebra el 25 de marzo, Mons. Ramón Salazar Estrada, responsable de la Dimensión Episcopal de Vida de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), compartió una reflexión titulada Hacia un cuidado integral de la vida humana.
En el documento, el prelado explicó que, para un católico, la defensa y cuidado de la vida no es sólo “una opción ética”, sino también “una exigencia que brota del reconocimiento de la dignidad humana”.
No obstante, Mons. Salazar insistió en la necesidad de comprender este compromiso desde una perspectiva integral, dejando atrás “una visión reduccionista de la persona”. En ese sentido, señaló que el ser humano no puede entenderse sólo como un organismo que requiere atención médica, sino como una “unidad de cuerpo y espíritu, inserto en una red de relaciones familiares, sociales, religiosas y culturales”.
Cuidado en los primeros años de vida
El prelado afirmó que el cuidado integral de todo ser humano comienza con la protección del niño por nacer y el acompañamiento de la madre. Para ello, consideró necesario generar políticas públicas que “apoyen a las familias, que brinden atención médica adecuada, acompañamiento psicológico y condiciones sociales dignas”.
Respecto a la infancia y la adolescencia, mencionó que se enfrentan a retos en acceso a la educación, violencia y poder alcanzar servicios básicos de salud. Por ello, pidió que se garanticen “programas de prevención que protejan a los menores de riesgos físicos y sociales”.
Para la etapa de la juventud, Mons. Salazar destacó la importancia de atender aspectos como la salud mental, que “adquiere aquí́ una relevancia especial, en un contexto marcado por el estrés, la incertidumbre económica y las crisis sociales”.
Mons. Ramón Salazar Estrada. Crédito: CEM en ACI Prensa
Enfermedad y etapa final de la vida
En relación con la edad adulta, Mons. Salazar afirmó que el contexto actual exige con especial urgencia una atención integral hacia las personas mayores.
Advirtió que el olvido de los adultos mayores atenta “contra la vida, contradice el fundamento mismo de la dignidad humana”. Por ello, instó a fortalecer “los sistemas de atención, las redes de apoyo familiar y los servicios pastorales que más favorezcan”.
Aunado a esto, mencionó que la atención a los enfermos debe integrar tanto la competencia profesional como una dimensión humana y espiritual. En este sentido, dijo que es necesario tener una medicina “centrada en la persona, que equilibre la búsqueda del bien clínico con el respeto por el bien general del paciente”.
Respecto a la etapa final de la vida, Mons. Salazar indicó que plantea desafíos éticos complejos y resaltó la importancia de los cuidados paliativos como una forma de aliviar el sufrimiento físico y brindar apoyo emocional y espiritual.
Responsabilidad compartida
El obispo recordó que la protección de la vida es una responsabilidad compartida que se articula en distintos niveles. En el ámbito personal y familiar, “cada individuo está llamado a adoptar estilos de vida saludables, a buscar el bien común y a asumir con responsabilidad las decisiones que afectan su salud y la de los demás”.
En el ámbito eclesial, añadió, la comunidad debe ser “un espacio de acogida y servicio, donde los enfermos y los vulnerables encuentren apoyo concreto y espiritual”. Asimismo, señaló que los profesionales de la salud juegan un papel importante para aportar en “una visión ética, coherente con la dignidad humana”.
Finalmente, concluyó que el cuidado integral de la vida humana en todas sus etapas no es “una tarea opcional ni delegable”, sino una “responsabilidad moral que compromete a personas, familias, comunidades religiosas y autoridades civiles”.
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